¿Cuál es el propósito de las profecías sobre las naciones? ¿Están destinadas a las naciones mismas o acaso el destinatario de estas profecías es en realidad el pueblo de Israel, que se consuela al escucharlas?
En los tres “grandes” profetas - Yeshaiahu (capítulos 13-23), Irmiahu (capítulos 46-51) y Yejezkel capítulos 25-32) - encontramos una colección significativa de profecías sobre las naciones que trata principalmente de su futura destrucción. En el libro de Yejezkel, esta colección separa entre las profecías de castigo al pueblo de Israel antes de la destrucción (en los capítulos 12-24) y las profecías de consuelo después de la destrucción y la descripción del templo futuro (capítulos 33-48). Dentro de esta colección no hay un orden cronológico y existen profecías que fueron pronunciadas antes de la destrucción y profecías que fueron pronunciadas después (una incluso fue pronunciada 16 años después).
Una de las preguntas fundamentales que surgen respecto a estas colecciones de profecías es si las profecías están destinadas a las naciones. ¿Los profetas fueron o transmitieron su profecía a esas naciones, o acaso el destinatario de estas profecías es el pueblo de Israel, que se consuela sabiendo que Dios castigará a sus enemigos?
En el contexto de Yejezkel, la pregunta es si la colección sobre las naciones es un apéndice de las profecías de castigo sobre el pueblo de Israel o si constituye una apertura a las profecías de consuelo que aparecen después.
Y he aquí que en medio de las profecías sobre las naciones, al final de las profecías de castigo sobre Tzor, Tiro (y antes de las profecías sobre Egipto), el profeta concluye sus palabras señalando que la destrucción de Tzor será beneficiosa y salvará a Israel (capítulo 28, versículo 24), y profetiza de manera general sobre la reunión de los exiliados de entre las naciones (versículos 25-26). Este fenómeno de una breve profecía de consuelo para Israel en medio de las profecías de castigo sobre las naciones aparece también en Yeshaiahu (capítulo 14, versículos 1-2) y en Irmiahu (capítulo 46, versículos 27-28). Esto sirve para demostrar que todas las profecías están dirigidas hacia Israel y forman parte de las profecías de consuelo.
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