Conocer a Dios

Conocer a Dios

Irmiahu vivía en un mundo con un templo vivo y vibrante, con sacerdotes y profetas, pero sentía que lo principal faltaba en el templo – el sentimiento de divinidad que llena el corazón. Las malas acciones que describe son el resultado del desconocimiento de Dios.

El capítulo 9 del libro de Irmiahu contiene una colección de profecías, de las cuales no conocemos la fecha exacta de cada una, pero se puede suponer que todas las profecías fueron pronunciadas muchos años antes de la destrucción, cuando Ierushalaim vivía en paz. Sin embargo, Irmiahu ya ve la destrucción y lamenta lo que en su visión profética es una realidad concreta:

"A causa de las montañas alzaré lloro y llanto, y por los pastos de la estepa, lamentación... ¿Por qué ha perecido el país? ¿Por qué ha quedado asolado como el desierto, sin pasajero?... Pongan atención (en esto) y llamen plañideras (las mujeres que se lamentan), para que vengan, y envíen por las que son diestras (en el duelo) para que vengan; Y apresúrense a levantar el llanto sobre nosotros; para que nuestros ojos se deshagan en lágrimas, y nuestros párpados manen aguas!..." (versículos 9-17)

Irmiahu contempla con ojos proféticos cómo las corrupciones morales socavan los fundamentos de la existencia - "Pues que todos son adúlteros, una banda de pérfidos. Y entiesan (tensan) su lengua, como arco suyo, para (arrojar) mentiras" (versículos 1-2)... La raíz de las corrupciones morales es la falta de conocimiento de Dios - "Y no me conocen a Mí, dice el Señor... ellos rehúsan conocerMe a Mí, dice el Señor (versículos 2, 5).

"Conocer a Dios" no es saber que existe Dios, sino el sentimiento de divinidad que hay en el corazón del creyente, similar al concepto de "conocer a una mujer" que expresa una conexión íntima entre un hombre y una mujer. Cuando Moshé pide "Hazme ver ahora tu gloria" (Shemot, capítulo 33, versículo 18), la respuesta de Dios es "Yo haré pasar toda Mi bondad ante ti, y proclamaré el Nombre de Hashem ante ti, y agraciaré a quien agracie y Me apiadaré de quien Me apiade" (Shemot, capítulo 33, versículo 19). Luego, cuando Dios pasa delante de Moshé, el clamor que brota de la boca de Moshé es " Adonai, Adonai, Dios misericordioso y clemente, tardo en la ira, magnánimo en la benevolencia y en la verdad (Shemot, capítulo 34, versículo 6 en adelante). Encontrarse con la divinidad significa encontrarse con la bondad. La divinidad está llena de gracia y misericordia, y la experiencia de encontrarse con la divinidad lleva necesariamente a un sentimiento de gracia y amor por las criaturas.

Así también dice Irmiahu en otra profecía en nuestro capítulo - "No se gloríe el sabio en su sabiduría... Mas el que se gloría, gloríese en esto: en que Me entiende y Me conoce a Mí, que Yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque en estas cosas Me complazco", dice el Señor" (versículos 22-23).

La esencia de la divinidad es la gracia, por lo tanto una persona que experimenta la divinidad necesariamente llegará a hacer justicia y misericordia. Irmiahu vivía en un mundo con un templo vivo y vibrante, con sacerdotes y profetas, pero sentía que lo principal faltaba en el templo – el sentimiento de divinidad que llena el corazón, y las malas acciones son el resultado del desconocimiento de Dios.

Esta doctrina profética tiene eco en nuestro lenguaje actual. Cuando vemos a una persona que daña maliciosamente a otros, especialmente si el agresor es religioso, la reacción será: tiene una kipá en la cabeza pero no tiene a Dios en el corazón. ¿Y por qué las personas carecen del sentimiento de divinidad en sus corazones? A esto viene la respuesta en la última profecía del capítulo 9: "He aquí que vienen días, dice el Señor, en que castigaré a todo circuncidado e incircunciso: A Egipto, y a Iehudá, y a Edom, y a los hijos de Amón y a Moav, y a todas los que se rapan los tufos, habitadores del desierto: porque todas estas naciones son incircuncisas, y la casa de Israel es incircuncisa de corazón" (versículos 24-25).

El corazón está bloqueado y sellado, y no se abre a sí mismo al sentimiento de conocer a Dios. Las personas de la generación de Irmiahu sabían intelectualmente que existía la divinidad, y cumplían varios preceptos, pero la divinidad no vivía en sus corazones, y no conocían la divinidad, y de ahí la raíz de todos los males descritos en nuestro capítulo y en los demás capítulos del libro.

Cortesía sitio 929

 

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