De la profanación del nombre de Dios a su santificación

De la profanación del nombre de Dios a su santificación

Yejezkel profetiza sobre una destrucción extremadamente severa, aunque la destrucción del Templo causará una profanación del Nombre Divino a los ojos de las naciones. Pero al final, precisamente esta situación llevará a los pueblos a una comprensión más profunda de la grandeza de Dios.

Inmediatamente después de los actos simbólicos, se escucha la primera profecía verbal del profeta al pueblo, explicando las acciones:

"Así dice el Señor Dios: ¡Esta es Ierushalaim! En medio de los paganos la puse Yo, y alrededor de ella están los (demás) países. Y ella se ha rebelado contra Mis leyes, haciendo más maldad que los paganos, y contra Mis estatutos (se ha rebelado) más que los países que están alrededor de ella; porque han rechazado Mis leyes con desprecio, y no han andado en Mis estatutos" (Capítulo 5, versículos 5-6).

La causa central de la destrucción según la profecía de Yejezkel es la situación de la ciudad de Ierushalaim en comparación con la de las ciudades que la rodean. Pero parece que esta comparación encierra no solo el estatus de la ciudad, sino el estatus de Dios, a los ojos de las naciones creyentes en concepciones idólatras. Para las naciones circundantes, Ierushalaim y el Templo en su interior eran hasta la destrucción otra ciudad-templo más, entre el conjunto de ciudades-templo de Mesopotamia. El pueblo sabía que la destrucción del Beit HaMikdash, el Gran Templo era percibida por las naciones como una debilidad de Dios, porque un templo destruido expresaba la incapacidad del dios para proteger su 'santuario' y prevenir su destrucción. Por tanto, la destrucción del Templo conllevaba naturalmente una profanación del nombre de Dios entre las naciones. La posibilidad de que Dios causara intencionalmente la destrucción del Templo era extraña y ajena a las naciones, y el pueblo se sintió tentado a pensar que al menos por esta razón - a pesar de sus graves pecados - el Templo nunca sería destruido.

A pesar de esto, Dios decide destruir Su templo, y Yejezkel profetiza sobre un castigo extremadamente severo, explicando el acto simbólico, cuyo significado es la aniquilación del pueblo:

"Una tercera parte de ti morirá de peste, y será consumida de hambre en medio de ti; y (otra) tercera parte caerá a espada en derredor de ti; y (otra) tercera parte la esparciré a todos los vientos, y desenvainaré la espada en pos de ellos. De esta suerte desahogaré Mi ira y saciaré Mi indignación en ellos, y quedaré satisfecho; y ellos conocerán que Yo, el Señor, lo he dicho en Mis celos, cuando haya desahogado Mi ardiente indignación en ellos" (Capítulo 5, versículos 12-13).

El lenguaje de esta profecía es particularmente duro, las palabras: ‘y Mi ojo no perdonará’, ‘ni tampoco tendré piedad de ti’ y ‘quedaré satisfecho’ (versículos 11, 13) se dicen en un contexto negativo. Y también en el resto del libro no hay uso de estas palabras como palabras de consolación. La ausencia de profecías en las que Dios se compadece de su pueblo, tiene misericordia de ellos o los consuela en el libro de Yejezkel agudiza la realidad irreversible y única de la destrucción del Templo.

Sin embargo, parece que desde ahora Dios santifica Su nombre que fue profanado a los ojos de las naciones, y establece Su posición como 'Dios' exaltado por encima de los demás dioses. El Santo, bendito sea, es el Dios de todo el mundo, cuyos deseos son los que 'activan' también a los otros pueblos y a sus dioses.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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