A pesar de todo el drama y el tumulto que se desarrolla durante nuestro capítulo, el estado de derecho, la justicia, hace oír su voz en voz alta y es él quien triunfa, y no la voz de la multitud enardecida.
El "gran criminal" Irmiahu, es capturado por "los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo diciendo: morirás sin remedio" (versículo 8). En medio de la multitud agitada, junto al tumulto de la captura de "este hombre", cuyo nombre ni siquiera están dispuestos a mencionar, destaca una palabra que parece tomada de otro mundo: "juicio": "Entonces los sacerdotes y los profetas hablaron a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: "¡Este hombre es digno de muerte" (versículo 11).
A primera vista parece como si se tratara de un juicio sumario, y no de un procedimiento judicial ordenado. Una ejecución por una multitud incitada y alborotada, según "leyes de linchamiento" y no según las leyes de evidencia. Un examen más detallado de los versículos lleva a una posibilidad diferente.
La ubicación geográfica del procedimiento sugiere que tuvo lugar en el lugar del juicio y no solo en el lugar de la maldad: "Y cuando los príncipes de Iehudá oyeron estas cosas... subieron de la casa del rey a la casa del Señor y se sentaron en la entrada de la puerta nueva (de la casa) del Señor" (versículo 10). Como es sabido, la "puerta" sirve en texto bíblico como lugar de juicio (véase por ejemplo Devarim, capítulo 16, versículo 18: “Jueces y alguaciles deberás designar para ti, en todas tus ciudades”, Rut capítulo 4, versículo 1: "y Boaz subió a los portones"). A pesar de la atmósfera enardecida que surge y brota de la voz de la multitud, los profetas y los Cohanim, los sacerdotes, se le otorga al condenado a muerte, Irmiahu, "el derecho de defensa". Él puede decir su palabra antes de que se dicte su sentencia.
"Entonces habló Irmiahu a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: "El Señor me ha enviado para profetizar contra esta casa... Sepan, no obstante, con toda seguridad que si me hicieran morir, traerán la sangre inocente sobre vosotros” (12-15). Contra todas las probabilidades, el discurso de defensa de Irmiahu cae en oídos atentos: "Entonces los príncipes y todo el pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: "Este hombre no es digno de muerte, puesto que nos ha hablado en el nombre del Señor, nuestro Dios" (versículo 16). En efecto, todavía se refieren a él con desprecio, no están dispuestos a mencionar su nombre sino solo como "este hombre".
En el momento en que parecía que las voces de la justicia habían enmudecido, precisamente "ben Shafán", Ajikam, se revela como un gran héroe, e impide que el pueblo lo mate a Irmiahu. El estado de derecho, la justicia, hace oír su voz en voz alta y es él quien triunfa, y no la voz de la multitud enardecida.
Gentileza sitio 929.