El llanto, el saco y la profecía: Esperanza y milagro ante el asedio asirio

El llanto, el saco y la profecía: Esperanza y milagro ante el asedio asirio

Tras las blasfemias del enviado asirio, el rey Ezequías y sus ministros rasgan sus vestiduras y se cubren de saco, una acción que el Tanaj asocia con la esperanza activa y la preparación para el rezo. El monarca acude al templo y pide al profeta Isaías que interceda ante Dios, anhelando (Ulay) que el Creador actúe para defender Su propio nombre ultrajado. La respuesta divina es rotunda: Jerusalén no será tocada, promesa que se cumple al final del capítulo con la muerte milagrosa de 185,000 soldados asirios y el posterior asesinato de Sanjerib en su tierra.

Volver al capítulo
x