Final de travesía-Sin consuelo

Final de travesía-Sin consuelo

Leo el capítulo y mis ojos se llenan de lágrimas por el profeta que luchó toda su vida y durante toda su vida proclamó sus profecías, y después de que todas sus profecías se cumplieron, el pueblo continuó en su rebeldía y no creyó en sus palabras.

Leer el libro Irmiahu, es emprender un largo viaje. El lector acompaña a Irmiahu en el viaje de su vida, camina con el profeta que profetizó sobre una nación del norte cuando en el horizonte no se veía amenaza alguna, camina con las burlas al profeta, con las persecuciones e intentos de asesinato del profeta, y camina con el profeta que elevó una plegaria para que sus profecías no se cumplieran y que la destrucción que él profetizaba no llegara.

Y aquí estamos en los últimos capítulos del viaje y lo peor de todo ocurrió - todo lo que Irmiahu profetizó se cumplió – Bavel, Babilonia destruyó el reino de Iehudá, y Iehudá partió al exilio. Y aun así, parece que hay algún consuelo, y con todas las terribles tragedias que trajo la destrucción, la comprensión de que la palabra de Dios se cumplió puede ser una piedra angular para la reconstrucción del pueblo.

En el último capítulo del viaje, Irmiahu renunció a los placeres del palacio en Bavel y partió con los exiliados a Egipto, pero allí, como si nada hubiera pasado, el pueblo continúa adorando al ejército de los cielos y a la reina del cielo - el sol. Cuando Irmiahu los reprende, le responden que no pueden escucharlo - "Entonces respondieron a Irmiahu todos los hombres que conocían que sus mujeres quemaban incienso a otros dioses... todo el pueblo que moraba en la tierra de Egipto y en Patrós, diciendo: En cuanto a la palabra que nos has hablado en nombre del Señor, nosotros no te obedeceremos: al contrario cumpliremos resueltamente toda promesa que ha salido de nuestra boca, respecto de quemar incienso a la reina del cielo, y de derramar libaciones a ella, como hicimos nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Iehudá y en las calles de Ierushalaim, con lo cual nos hartábamos de pan, y éramos felices, y no vimos calamidad. Pero desde que hemos dejado de quemar incienso a la reina del cielo, y de derramar libaciones a ella, nos ha faltado todo, y hemos sido consumidos por la espada y por el hambre" (versículos 15-18).

Irmiahu vio en la historia una prueba del cumplimiento de la palabra de Dios, y el pueblo en Egipto ve en la historia una prueba opuesta. Ellos argumentan que los días del rey Menashé, en cuyos días había idolatría y en los que adoraban al ejército de los cielos, fueron días de tranquilidad y paz, y los males comenzaron desde que dejaron de adorar al ejército de los cielos. Su intención es que los males comenzaron con el arrepentimiento del rey Yoshiahu. Es difícil refutar este argumento que está bien aferrado y anclado en la historia. La respuesta de Irmiahu es que aún vendrán días y todos los adoradores del ejército de los cielos serán destruidos y entonces se comprobará que la palabra de Dios permanece para siempre.

Leo el capítulo y mis ojos se llenan de lágrimas por el profeta que luchó toda su vida y durante toda su vida proclamó sus profecías, y después de que todas sus profecías se cumplieron, el pueblo continuó en su rebeldía y no creyó en sus palabras. ¿Acaso en ese momento tenía Irmiahu la posibilidad de probar sus palabras? Allí aparentemente en Egipto murió Irmiahu.

¿Sabía Irmiahu al momento de su muerte que sus palabras entrarían en la historia como la palabra de Dios que el pueblo escuchó y finalmente siguiendo sus profecías regresó a su tierra y construyó el Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo?

El capítulo 44 es el último capítulo en la vida de Irmiahu. El profeta, que luchó toda su vida por sus profecías, se despide de nosotros sin haber llegado al descanso y la herencia, y sin siquiera un pequeño consuelo de que sus profecías fueran aceptadas por su pueblo - el pueblo que amó con todas las fibras de su alma, y con quien luchó toda su vida.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza sitio 929.

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