La Teshuvá en el libro Yejezkel

La Teshuvá en el libro Yejezkel

¿Hasta qué punto está involucrado Dios en el proceso de arrepentimiento y retorno, y cuál es el papel del ser humano en este proceso?

En el texto bíblico aparecen diferentes modelos de arrepentimiento (Teshuvá). En el capítulo 18 de Yejezkel distinguiremos un modelo que se ocupa enteramente del arrepentimiento del ser humano, sin intervención divina.

Una de las preguntas centrales sobre la Teshuvá, que trata casi todo quien aborda este tema, es la cuestión de la relación entre el acto humano y la gracia divina: ¿Acaso el proceso de Teshuvá se centra principalmente en el esfuerzo humano y la persona obtiene el arrepentimiento por justicia, a la luz del cambio ocurrido en ella, o quizás el foco está en la gracia divina cuando el papel del ser humano es principalmente suplicar y pedir perdón y absolución?

Muchas veces descubrimos que las discusiones que ocupan a los pensadores de nuestra generación, también ocuparon a los sabios de la Edad Media, a los Amoraim y Tanaim (amoraítas y tanaítas, los Sabios de la Guemará y la Mishná), e incluso a los diferentes profetas. Parece que la pregunta que nos ocupa es un hermoso ejemplo de esto.

Yejezkel se ocupa abundantemente de cuestiones relacionadas con la doctrina de la retribución, la recompensa y el castigo. En este contexto también trata la cuestión de la viabilidad de la Teshuvá. En el capítulo 18, Yejezkel se enfrenta al reclamo del pueblo que se expresa en la parábola:

"¿Qué quieren decir, ustedes que usan de este proverbio en la tierra de Israel, diciendo: Los padres comen el agraz (las uvas agrias), y los dientes de los hijos sufren la dentera? (versículo  2)

El pueblo afirma y de hecho se queja, mediante la parábola, de que los hijos serán castigados por los pecados de los padres. En respuesta, Yejezkel establece categóricamente: "El alma que pecare, esa es la que morirá" (versículo 4). Yejezkel continúa con una larga descripción de un hombre justo que engendró un hijo malvado, y establece que el mérito de su padre no le ayudará, y con la descripción de un hombre malvado que engendró un hijo justo, estableciendo que también en este caso el hijo no será castigado por los pecados de su padre y "la justicia del justo estará sobre él" (versículo 20).

Después, Yejezkel pasa a la descripción de una persona que ella misma fue malvada y luego se arrepintió de todos sus pecados, y describe también la realidad opuesta. También en este caso establece Yejezkel: el pasado no importa, sino solo el presente.

La concepción que surge de las palabras de Yejezkel es que el cambio de la persona es lo que determina. Lo que fue no importa, sino solo lo que hay ahora. Parece que el supuesto implícito en las palabras de Yejezkel es que el arrepentimiento se centra en los actos de la persona. Si la persona cambió, entonces es una persona nueva, para bien o para mal, y sus actos en el pasado no son considerados.

Una concepción que enfatizara la gracia divina no renunciaría tan rápidamente al pasado de la persona y enfatizaría la necesidad de pedir perdón y absolución por lo que se hizo. Esta concepción se expresa de manera destacada en el libro de Ioná, que se apoya íntegramente en el supuesto de que la Teshuvá se basa en la gracia divina que permite el perdón y la absolución incluso cuando el arrepentimiento es rápido y dudoso.

Resumen de una clase dicatada en la Academia Rabínica “Har Etzion”

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