Esta es una profecía magistral, que entreteje en su interior juegos de lenguaje, alusiones y alusiones de alusiones a pasajes bíblicos que la precedieron. Uno de ellos es particularmente cruel.
"Así habrán de bendecir a los hijos de Israel, diciéndoles: Te bendiga Hashem y te guarde. Te ilumine Hashem con Su Presencia y te agracie. Dirija Hashem Su Presencia hacia ti y te conceda la paz” (Bamidbar, capítulo 6, versículos 23-26)
La bendición sacerdotal, y otros pasajes sobre los Cohanim, el sacerdocio, sirven de trasfondo a la profecía magistral de Malají dirigida a los Cohanim —profecía que entreteje en su interior juegos de lenguaje, alusiones y alusiones de alusiones a pasajes bíblicos que la precedieron: el pecado de la midianita y la venganza de Pinjás, las inversiones de la bendición y la maldición de Bilam, la burra, el ángel y el camino. Y finalmente — las tiendas de Iaacov que fueron abiertas por la brecha, y el pacto de paz para quien cela a su Dios.
El más cruel de los juegos de palabras que Malají propone aquí es el que une el "haga resplandecer el Señor Su rostro" (יָאֵר ה' פָּנָיו) de la bendición sacerdotal con "enviaré sobre vosotros maldición, y maldeciré vuestras bendiciones" (versículo 2) — como todo lo que se encuentra en una zona contaminada, les dice el profeta: la maldición no solo los alcanzará, sino que también se apoderará de lo que sale de vuestra boca, incluso de vuestra bendición sacerdotal y de la luz que ella promete. Exactamente como en el caso de Bilam el malvado — solo que al revés. Escuchen la semejanza:
"Ven ahora, maldíceme a este pueblo, pues es más poderoso que yo", le dice Balak al adivino Bilam, "pues yo sé que a quien bendices es bendecido y a quien maldices es maldecido” (Bamidbar, capítulo 22, versículo 6)
Vengan y les contaré, dice Malají a los Cohanim, cómo debían haber sido las cosas:
"Pues los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el emisario del Señor de los Ejércitos. Pero ustedes se han desviado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley, han corrompido el pacto de Leví" (versículos 7-8).
Con sus alusiones, el profeta convoca a todos los transgresores del pacto a través de las generaciones: la burra de Bilam que lo empuja fuera del camino, el ángel que solo ella logra ver. Incluso al propio Iehudá, que se desvió del camino hacia la tienda de Tamar disfrazada de prostituta, y a sus hijos Er y Onán que derramaron su semilla en tierra:
"Porque Iehudá ha profanado el santuario del Señor, que Él ama, y se ha casado con la hija de un dios extraño. Que el Señor extermine de las tiendas de Iaacov al hombre que hace esto, ya sea alumno o maestro" (versículos 11-12).
El dolor por la ruptura del pacto, entre hombre y mujer y entre el hombre y su Dios, lo grita el profeta en una sola frase, poderosa y sencilla: "¿Acaso no tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué comportarnos deslealmente con nuestros hermanos, profanando el pacto de nuestros padres?" (versículo 10).
Pero pareciera que en las palabras "las tiendas de Iaacov" (versículo12) se esconde la alusión más poderosa y dolorosa a la famosa bendición de Bilam: "¡Cuán bellas son tus tiendas, oh Iaacov, tus moradas, Israel!" (Bamidbar, capítulo 24, versículo 5).
La restauración de la paz de la bendición sacerdotal original ("y te conceda la paz") reside ahora únicamente en un acto de celo y venganza, el acto de Pinjás en el libro de Bamidbar: "Por lo tanto, di: He aquí que Yo le confiero a él Mi Pacto de Paz" (Bamidbar, capítulo 25, versículo 12). Y en nuestro capítulo: "Mi pacto con él era de vida y paz, las cuales le di para que me reverenciara" (versículo 5).
Gentileza sitio 929