Las palabras del pacto deben ser escuchadas (Versículos 1-8)
Irmiahu llama al pueblo: "Escuchen (todos los profetas) las palabras de este pacto" (versículo 2). El profeta aclara que quien escuche las palabras del pacto merecerá bien "a fin de que Yo cumpla el juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel, como hoy se ve (versículo 5), pero el pueblo se niega a escuchar y "no escucharon ni prestaron oído; sino que anduvieron cada cual en la dureza de su depravado corazón" (versículo 8) y por eso Dios traerá sobre ellos la maldición contenida en las palabras del pacto: "por tanto traje sobre ellos todas las palabras de este pacto, que (les) mandé observar, y no las han observado" (versículo 8). Es posible que el pacto mencionado aquí se refiera al hallazgo del libro de la Torá en los días de Yoshiahu.
A raíz de la violación del pacto-llegará el castigo (Versículos 9-17)
Dios acusa al pueblo de romper el pacto: "La casa de Israel y la casa de Iehudá han quebrantado Mi pacto, que Yo hice con sus padres" (versículo 10) y por eso la calamidad, el castigo les golpeará: "He aquí que traigo sobre ellos un mal, del cual no podrán evadirse; y clamarán a Mí, pero no les escucharé" (versículo 11). Dios ordena al profeta que no ore por el pueblo "porque no les escucharé al tiempo que clamen a Mí a causa de su calamidad" (versículo 14). Al final del párrafo, Dios se pregunta por qué el pueblo sigue viniendo al templo y trayendo sacrificios, ya que el pueblo hace todo con engaño: "¿Qué tiene Mi amado (Israel) que hacer en Mi casa? ¿Acaso para cometer sus muchas maldades? ¿Acaso con la carne santa se apartarán de ti (tus pecados)y la alegría del pueblo solo llega cuando hacen el mal: "que te regocijas (tanto) en hacer mal" (versículo 15).
El enfrentamiento del profeta con su entorno inmediato (Versículos 18-22)
En los próximos capítulos se revela la confrontación del profeta con su entorno, especialmente los habitantes de Anatot, la ciudad donde vivía Irmiahu. Como veremos, las personas cercanas a Irmiahu buscaron hacerle daño y matarlo.
Este párrafo comienza con Dios revelando a Irmiahu los planes de la gente de Anatot: "Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémosle de la tierra de los vivientes, para que su nombre no venga más a la memoria" (versículo 19). El profeta agradece a Dios por revelarle los planes de los habitantes de Anatot, y Dios anuncia que los castigará: "He aquí que Yo los castigaré: los mancebos morirán a espada; sus hijos y sus hijas morirán de hambre, de modo que no queden reliquias de ellos: porque traeré el mal sobre los hombres de Anatot, el año de su castigo" (versículos 22-23).