Una profecía de castigo (Versículos 1-14)
Esta profecía comienza con una fecha histórica clara: el cuarto año del reinado de Yehoiakim. En este año, los babilonios derrotaron a los asirios en la batalla de Karkemish (una batalla que duró aproximadamente cuatro años), convirtiéndose así en el imperio más grande de la región, destinado a dominar el Medio Oriente en los años venideros.
Dios describe cómo "Desde el año trece de Yoshiahu ,hijo de Amón, rey de Iehudá, hasta este día... he tenido revelación del Señor, y les he hablado reiteradamente, pero ustedes no han escuchado" (versículo 3). Dado que el pueblo no escuchó las palabras del profeta, vendrá sobre ellos la calamidad por medio de Bavel, Babilonia: "He aquí que enviaré y tomaré a todas las familias del norte, dice el Señor, y a Nevujadretzar, rey de Bavel, siervo Mío, y los traeré contra este país y contra sus habitantes, y contra todas estas naciones de alrededor y los destruiré del todo, y los convertiré en objeto de asombro y silbido y en ruinas perpetuas" (versículo 9). El profeta aclara que después de que los babilonios terminen su tarea de castigar a Israel, Dios los castigará a ellos: "Y acontecerá que cuando fueren concluidos los setenta años, castigaré al rey de Bavel... y a la tierra de los kasditas: y la convertiré en desolaciones perpetuas" (versículos 12-13).
Una profecía para los pueblos-la copa del vino de la ira (Versículos 15-38)
Dios le pide al profeta que tome "la copa del vino de la ira" y haga beber de ella a todas las naciones. La copa del vino es un símbolo de la calamidad. Como se revela en la profecía misma, la calamidad vendrá cuando las naciones "beban" del vino y "se embriaguen": "Beban, y emborráchense, y vomiten, y caigan, y no se levanten más ante la espada que Yo envío entre vosotros!" (versículo 27). En esta profecía, el profeta menciona muchas tierras que tendrán que "beber" de la copa del vino (versículos 18-26).