El pedido del pueblo a Irmiahu para rezarle a Dios (Versículos 1-6)
Los jefes de los soldados, Iojanán hijo de Kareaj y todo el pueblo se dirigen a Irmiahu con una súplica: "Te rogamos que te sea aceptada nuestra petición, y ora por nosotros al Señor, tu Dios, por todo este resto, porque pocos hemos quedado de muchos, como nos están viendo tus ojos" (versículo 2). Irmiahu acepta elevar una plegaria y promete transmitirles la respuesta de Dios. El pueblo se compromete a obedecer la voz de Dios: "Ya sea buena, o sea mala, obedeceremos la voz del Señor, nuestro Dios a quien te enviamos, para que nos vaya bien cuando obedezcamos la voz del Señor, nuestro Dios " (versículo 6).
La profecía de Dios a Irmiahu (Versículos 7-22)
Después de diez días, Dios se revela a Irmiahu, y le dice que el pueblo debe permanecer en la tierra: "Si permanecieran quietos en esta tierra, Yo los edificaré, y no los derribaré; los plantaré también y no los arrancaré, porque Me arrepiento del mal que les he hecho" (versículo 10). El descenso a Egipto conducirá a la muerte y a una destrucción adicional: "entonces sucederá que la espada que temen, los alcanzará allí, en la tierra de Egipto, y el hambre del cual recelan, los alcanzará allí, en Egipto, y allí morirán." (versículo 16). Irmiahu transmite los conceptos de Dios al pueblo y les aclara que el descenso a Egipto conducirá a la muerte: "Ahora, pues, sepan con toda seguridad que morirán a espada, de hambre y de peste en el lugar adonde quieren ir a habitar" (versículo 22).