Este capítulo es una profecía única que comprende tres partes, al final de las cuales aparece la amenaza de destrucción de Ierushalaim y del Templo.
Reprimenda a los líderes (Versículos 1-4)
En este pasaje el profeta se dirige a "las cabezas (líderes) de Iaacov y los magistrados de la casa de Israel" (versículo 1) y les increpa: "¿Pues a ustedes les toca conocer lo que es justo?" (versículo 1). El profeta reprende a los dirigentes y jueces por despojar a los pobres: "los que arrebatan (a los pobres) hasta la piel de sobre ellos y la carne de sobre sus huesos. Y los que comen la carne de Mi pueblo, despojándoles de su piel, y rompiendo sus huesos, y cortándolos en trozos, como si fuese para la olla, y como la carne (que se echa) dentro de la caldera" (versículos 2-3). Cuando esos dirigentes y jueces clamen al Señor, Él no les responderá, a causa de sus obras.
Reprimenda a los profetas (Versículos 5-8)
En este pasaje el profeta se centra en los falsos profetas: "los que mientras tienen (algo) que comer con sus dientes, profetizan paz, mas a aquel que no les mete (algo) en la boca, le declaran la guerra" (versículo 5), es decir, las profecías se reciben según "encargo". El profeta describe que estos profetas cesarán de profetizar: "Entonces se avergonzarán los videntes, y se confundirán los adivinos; y todos ellos se cubrirán el bigote, por cuanto no viene ninguna respuesta de Dios" (versículo 7). Y en contraste con ellos, el profeta Mijá permanecerá lleno del espíritu del Señor para reprender al pueblo: "Yo, sin embargo, estoy lleno de poder del espíritu del Señor, y de juicio y de fortaleza, para declarar a Iaacov su transgresión y a Israel su pecado" (versículo 8).
Reprimenda a los estratos elevados del pueblo (Versículos 9-12)
El último pasaje engloba a toda la capa "noble" del pueblo: dirigentes, jueces, sacerdotes y profetas. Todos ellos confían y se apoyan aparentemente en el Señor: "¿Acaso no está el Señor en medio de nosotros?, ¡no vendrá, pues, sobre nosotros ningún mal!" (versículo 11). Pero el profeta revela que la situación es exactamente la contraria: "Por tanto, a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo, y Ierushalaim vendrá a ser montón de ruinas, y el monte del templo, como altos cubiertos de bosque" (versículo 12). Por primera vez en la literatura profética (cronológicamente hablando), un profeta vaticina la destrucción del Templo como consecuencia de las obras del pueblo de Israel.