Síntesis del capítulo, Tsfaniá 1

Síntesis del capítulo, Tsfaniá 1

El libro de Tsfaniá tiene un contexto histórico claro. Como se desprende del encabezado del libro, Tsfaniá profetizó "en los días de Yoshiahu, hijo de Amón, rey de Iehudá". Asimismo, al comienzo del libro se presenta la genealogía de Tsfaniá: "Tsfaniá, hijo de Kushí, hijo de Guedaliá, hijo de Amariá, hijo de Jizkiá", siendo el único profeta cuya ascendencia se menciona hasta cuatro generaciones anteriores. Hay comentaristas que opinan que el Jizkiá mencionado aquí es el rey Jizkiá de Iehudá, de modo que Tsfaniá pertenecería a la familia real, aunque conviene recordar las palabras del Radak (Rabí David Kimhi): "Hay quienes dicen que este Jizkiá es el rey Jizkiá de Iehudá, y es posible, pero no hay prueba de ello".

El capítulo 1 del libro de Tsfaniá se ocupa de un único tema: el día de Hashem, el día del Señor.

El castigo del “día de Hashem” (Versículos 2-90

En este pasaje el profeta presenta que el "día de Hashem, del Señor" —aquí un día de calamidad— es universal. El profeta elige describir la destrucción general con rasgos similares a la descripción del diluvio en el libro de Bereshit: "Destruiré por completo todas las cosas de sobre la haz de la tierra, dice el Señor. Destruiré los hombres y las bestias, destruiré las aves del cielo y los peces del mar, y los tropiezos (los ídolos) con los inicuos; y cortaré al hombre de sobre la faz de la tierra, dice el Señor" (versículos 2-3). Al mismo tiempo, el profeta menciona de manera específica a Iehudá y Ierushalaim: "Y extenderé Mi mano contra Iehudá, y contra todos los habitantes de Ierushalaim", y a partir de allí pasa a describir a las personas que serán afectadas por la calamidad: los Cohanim,  sacerdotes, los idólatras, los príncipes, los hijos del rey y otros.

La conquista de Ierushalaim (Versículos 10-13)

El profeta describe el llanto y el clamor por la destrucción de Ierushalaim. El profeta sostiene que la destrucción llegará como consecuencia del pensamiento de aquellos hombres que creen que el Señor no supervisa ni retribuye, y que por ello no se esfuerzan en corregir sus actos: "Y sucederá en aquel tiempo que Yo registraré a Ierushalaim con candelas, y castigaré a los hombres que (como vino), están asentados sobre sus heces, los cuales dicen en su corazón: ¡El Señor ni hace bien ni hace mal! Y sus riquezas vendrán a ser despojo, y sus casas una desolación; pues edificarán casas, mas no (las) habitarán; y plantarán viñas, mas no beberán el vino de ellas" (versículos 12-13).

La descripción del día de Hashem (Versículos 14-18)

En el último pasaje de esta profecía el profeta describe la magnitud del castigo que vendrá en el día de Hashem, del Señor: "día de pesar y de angustia, día de devastación y desolación, día de tinieblas y de espesa oscuridad, día de nubes y de densas tinieblas, día de trompeta y de grito de guerra contra las ciudades fortificadas y las elevadas torres... y en el ardor de Su celo será devorada toda la tierra, porque ciertamente Él hará destrucción repentina de todos los moradores de la tierra" (versículos 15-18).

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