El juicio de Ierushalaim (Versículos 1-13)
Esta profecía comprende tres partes. En la primera (1-4), el profeta reprende a los habitantes de Ierushalaim. La acusación central es la desobediencia al Señor: "No escucha la voz, no admite la corrección; en el Señor no confía; a su Dios no se acerca" (2), y la podredumbre del establecimiento político y religioso.
En la segunda parte (5-8), el profeta describe el juicio que el Señor llevará a cabo en Ierushalaim: "mañana tras mañana trae a luz Su justicia; no faltará: pero el malvado no conoce la vergüenza" (5). El juicio abarcará no solo a Ierushalaim sino a todos los pueblos: "Por tanto, espérenme a Mí, dice el Señor, hasta el día que Me levante como acusador: porque es Mi propósito reunir las naciones, juntar los reinos para derramar sobre ellos Mi indignación, todo el ardor de Mi ira; pues con el ardor de Mi celo será devorada toda la tierra" (8).
En la tercera parte (9-13) se describen los resultados del juicio: todos los pueblos servirán al Señor: "pero entonces volveré a dar a los pueblos un labio puro, para que todos ellos invoquen el nombre del Señor, sirviéndoLe unánimemente" (9), y el resto de Israel servirá al Señor y será salvado: "El resto de Israel no hará iniquidad, ni hablará mentira, ni será hallada en su boca una lengua engañosa; pues ellos se apacentarán y sestearán, y no habrá quien (los) espante" (13).
Profecía de salvación y consuelo (Versículos 14-20)
Este pasaje cierra el libro de Tsfaniá con una profecía de salvación y consolación. El profeta llama a Tzión a alegrarse: "¡Canta, oh hija de Tzión! ¡Prorrumpe en aclamaciones, oh Israel!, ¡alégrate y regocíjate de todo corazón, oh hija de Ierushalaim!" (14). Esta profecía recuerda las profecías de consolación y salvación del libro de Yeshaiahu: "¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti; el que es poderoso (te) salvará: se regocijará sobre ti con alegría, callará en Su amor, y se alegrará sobre ti con cánticos! A los que lloran, privados de las fiestas solemnes, a los que están lejos de ti, Yo (los) recogeré, para que no soporten más afrenta por ella (por Tzión)" (17-18). La profecía concluye con la promesa de la reunión de los exilios y el retorno a la tierra: "En ese tiempo los traeré, y en ese tiempo los recogeré: porque haré que sean para renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando Yo haga tornar vuestro cautiverio, ante vuestra misma vista, dice el Señor" (20)