Síntesis del capítulo, Yejezkel 19

Síntesis del capítulo, Yejezkel 19

El capítulo se inicia con un llamado al profeta para que pronuncie "una lamentación (canto fúnebre) sobre los príncipes de Israel". El capítulo incluye dos parábolas: la parábola de la leona y los cachorros, y la parábola de la vid. El profeta no interpreta explícitamente estas parábolas alegóricas.

La parábola de la leona y los cachorros (Versículos 1-9)

La parábola presenta a la leona en un rol positivo: "Entre los leones se acostó; en medio de los leoncillos crío sus cachorros” (versículo 2). La leona enseñó a uno de sus cachorros a convertirse en león joven y él aprendió a cazar presa, e incluso logró devorar a un hombre. Como consecuencia de las hazañas del león joven, buscaron capturarlo, y así fue: "en su hoyo fue cogido; y le llevaron con argollas de nariz a la tierra de Egipto” (versículo  4). La leona perdió su esperanza respecto al primer cachorro y crió a otro "tomó otro de sus cachorros, y le puso a él por leoncillo" (versículo 5), pero también este causó daño: "y demolió sus palacios, y asoló sus ciudades; y quedó desolada la tierra, y cuanto había en ella, a causa del estruendo de su rugido " (versículo 7). Como consecuencia de sus actos vinieron "naciones de alrededor, de las provincias" y lo capturaron, esta vez para Bavel, Babilonia "Y le pusieron en una jaula, con argollas de nariz, y le llevaron al rey de Bavel; y le metieron en las fortalezas, para que no fuese oída más su voz sobre las montañas de Israel " (versículo 9).

¿Y cuál es la aplicación? Es posible que la leona sea una madre real, pero parece más probable que represente a la casa real, el reino de la casa de David. Existe un consenso bastante amplio respecto a la identificación del primer cachorro como Yehoajaz, quien fue exiliado a Egipto. Respecto al segundo cachorro existe debate y los comentaristas han propuesto tres posibilidades: Yehoiakim, Yehoiajín o Tzidkiahu.

La parábola de la vid (Versículos 10-14)

Esta parábola trata sobre el destino del reino de Iehudá. El profeta probablemente habla a Tzidkiahu, el último rey de Iehudá, y dice "Tu madre era como una vid, a tu semejanza, plantada junto a las aguas: fecunda era, y abundante en sarmientos, a causa de las muchas aguas" (versículo 10), es decir, el reino de Iehudá estaba en buena posición, pero fue arrancada y destruida: "Mas ella ha sido arrancada con furor, en tierra ha sido echada, y el viento solano ha secado su fruto: han sido quebradas y marchitadas sus fuertes varas; el fuego las ha devorado" (versículo 12). La vid fue quemada "Y ahora está plantada en el desierto, en una tierra seca y sedienta” (versículo 13).

El profeta concluye las dos parábolas con la frase "¡Endecha (una elegía) es ésta, y servirá de endecha " (versículo 14). Es decir: se trata de parábolas que son también lamentaciones sobre la triste situación del reino de Iehudá.

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