En nuestro capítulo hay dos profecías cuyo tema común es el destino de Ierushalaim, y el uso de actos simbólicos.
La parabola de la olla (Versículos 1-14)
Esta profecía se abre con una fecha: "En el año noveno, en el mes décimo, a los diez días del mes". Se refiere al año noveno de Tzidkiahu, y esta es la fecha del inicio del sitio, como aparece en el libro Melajim: "Aconteció, pues, que en el año noveno de su reinado, en el mes décimo, vino Nevujadnetzar, el rey de Bavel, él y todo su ejército, contra Ierushalaim, y asentó campamento contra ella y edificaron torres de observación contra ella alrededor" (Melajim II, capítulo 25, versículo 1).
Dios ordena al profeta tomar una olla y colocarla sobre el fuego. Luego el profeta debe reunir los trozos más selectos dentro de la olla: "Junta en ella las piezas (de carne), todas las piezas buenas, la pierna y la espalda; llénala de huesos escogidos” (versículo 4). Dentro de la parábola se entrelaza su aplicación: la olla es "la ciudad sanguinaria", Ierushalaim, "cuya espuma (herrumbre) está en ella, y cuya espuma no salió de ella! ¡Saca, pues, cada una de las piezas, sin echar suerte sobre ella!" (versículo 6). Luego el fuego se intensificará: "Multiplicaré la leña, encenderé el fuego, hasta que se consuma la carne; condimentaré el caldo, y serán quemados (también) los huesos!" (versículo 10), de modo que los huesos en la olla se quemen completamente. Dios aclara que el castigo sobre Ierushalaim viene como consecuencia de sus pecados: "a causa de la impureza de tu execrable lascivia; por cuanto Yo te limpiaba, mas tú no quedaste limpia, por tanto de tu inmundicia no te limpiarás más, hasta que Yo haya desahogado Mi indignación en ti" (versículo 13).
La prohibición de guardar duelo (Versículos 15-27)
Dios informa al profeta que Él está "quitándote... el deleite de tus ojos en muerte repentina" (versículo 16), es decir, la esposa del profeta morirá, pero sobre Yejezkel hay una prohibición de guardar duelo: "pero no te lamentes, ni llores, ni dejes correr tus lágrimas...no harás el duelo de muertos; átate el turbante; y ponte el calzado en los pies; y no cubras el bigote, ni comas el pan de hombres (que están de luto)" (versículos 16-17). El pueblo intenta entender por qué Yejezkel no guarda duelo por la muerte de su esposa, y entonces él explica que esto es un acto simbólico: "Y Yejezkel, pues, les servirá de símbolo; conforme a todo lo que él ha hecho, harán ustedes; y cuando esto sucediere, entonces conocerán que Yo soy el Señor Dios" (versículo 24). Dios está a punto de destruir Ierushalaim, e Israel ni siquiera podrá guardar duelo por sus muertos. El capítulo termina con un anuncio sobre la apertura de la boca del profeta desde el momento de la destrucción en adelante: "En aquel día será abierta tu boca para con el fugitivo, de modo que hablarás, y no serás más mudo. Así tú les servirás de símbolo, y conocerán que Yo soy el Señor" (versículo 27).