Después de que en el capítulo anterior Dios mostró al profeta los pecados de Israel en Ierushalaim, en nuestro capítulo aparece la sentencia
La sentencia (Versículos -7)
Dios llama con gran voz en los oídos del profeta: “¡Acérquense, los encargados del castigo de la ciudad, cada uno con su arma de destrucción en su mano!” (versículo 1). Y he aquí que llegan seis hombres, ángeles, y entre ellos un hombre 'vestido de lino y con un tintero de escriba (ceñido) a sus lomos (cintura)’, y se paran junto al altar de bronce. Dios llama al hombre vestido de lino y le dice que pase por Ierushalaim y marque las frentes de los hombres 'que gimen y suspiran a causa de todas las abominaciones' (versículo 4). A los demás destructores Dios les ordena pasar y matar a todos los que no estén marcados en su frente: “Comenzaron, pues, por los ancianos que estaban delante de la casa. Y les dijo: "¡Contaminen la casa, y llenen los atrios con los muertos! ¡Salgan!" Salieron, pues, y mataron en la ciudad” (versículos 6-7).
Este pasaje es del libro de Yejezkel, capítulo 9, donde se describe la visión del juicio divino sobre Ierushalaim, diferenciando entre los justos (marcados) y los pecadores.
Las reacciones del profeta y la respuesta de Dios (Versículos 8-11)
Mientras los hombres golpeaban, el profeta clama a Dios: “caí sobre mi rostro, y clamé, diciendo: "¡Ah Señor Dios! ¿Vas a destruir a todo el residuo de Israel, derramando Tu ardiente indignación sobre Ierushalaim?" (versículo 8). Dios responde al profeta y le explica que ' La iniquidad de la casa de Israel y de Iehudá es sobremanera grande: de modo que la tierra se ha llenado de homicidios, y la ciudad está atestada de perversidad: porque ellos dicen: "Ha abandonado la tierra el Señor, y el Señor no lo ve. Después de esto, el hombre vestido de lino informa a Dios que ha cumplido Su mandato."