Capítulo 1
El título del libro de Yoel incluye solo el nombre del profeta, sin mención explícita del período de su actividad: "Palabra del Señor que fue a Yoel, hijo de Pethuel" (versículo 1). Los comentaristas e investigadores han debatido el trasfondo histórico de las profecías de Yoel. Los que lo sitúan en una época temprana establecieron que fue en tiempos de Yehoram, mientras que los que lo ubican más tardíamente supusieron que Yoel profetizó en la época del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo. Dado que no hay indicios claros en el libro, es difícil determinar la cuestión del período de actividad del profeta.
La langosta (Versículos 2-12)
El profeta llama a los habitantes de la tierra y les pregunta: "¿Ha habido semejante cosa en vuestros días, o en los días de vuestros padres?" (versículo 2), y señala cómo lo contarán a las generaciones venideras. El acontecimiento en cuestión es una grave plaga de langostas que traerá una terrible destrucción: "Lo que dejó la langosta gazam, lo ha devorado el arbé, y lo que dejó el arbé, lo ha devorado el yélek, y lo que dejó el yélek, lo ha devorado el jasil" (versículo 4). El profeta describe cómo la plaga de langostas provoca un gran luto: "¡Laméntate, (oh tierra) cual joven esposa, ceñida de saco, por el marido de su mocedad!" (versículo 8). La mayoría de los comentaristas interpretan la descripción de la langosta en su sentido literal, aunque cabe señalar que algunos la consideraron una descripción alegórica de los enemigos de Israel. Así lo interpreta, por ejemplo, Rabí Eliezer de Beaugency, contemporáneo del Rashbam: "Aquí se mencionan cuatro tipos de langosta como alusión a los cuatro reinos, que vinieron uno tras otro, y lo que dejó uno lo terminó el siguiente. Y vuelve a explicar su consumo y destrucción a modo de parábola, tal como comenzó con los tipos de langosta que devoran los frutos de la tierra."
Proclamación del duelo (Versículos 13-20)
En este pasaje el profeta se centra en el llamado al luto: "Vístanse de saco y laméntense, oh sacerdotes; ¡aullen, oh ministros del altar!, ¡vengan, permanezcan toda la noche en sacos, oh ministros de mi Dios!; porque la ofrenda vegetal y las libaciones han sido apartadas de la casa de vuestro Dios" (versículo 13). El profeta llama a proclamar un ayuno, en el que los habitantes de la tierra clamarán y se lamentarán ante el Señor: "¿No nos es arrebatado el alimento delante de nuestra vista, el gozo y la alegría, de la casa de nuestro Dios?" (versículo 16). Como se desprende de las palabras del pueblo, también las bestias anhelarán al Señor con la esperanza de vida: "También las bestias del campo se vuelven ansiosas hacia Ti, porque se han secado las fuentes de las aguas, y el fuego ha devorado las dehesas (tierras destinadas a pasto) del desierto" (versículo 20).