Elegía (cantico de duelo) por la caída del “Levanon” (Versículos 1-3)
En esta breve profecía de elegía, se lamenta la caída del Levanón como símbolo de grandeza o realeza: "Abre tus puertas, Líbano, y consuma el fuego tus pinos. Gime, ciprés, porque ha caído el cedro, porque los árboles majestuosos han sido derribados; gemid, encinas de Bashán, porque ha caído el bosque impenetrable" (versículos 1-2).
La parábola del pastor (Versículos 4-17)
En este pasaje el profeta presenta acciones simbólicas que conciernen al mundo de los pastores. El pasaje es muy difícil de comprender por dos razones. A nivel básico, no todas las acciones mencionadas en él nos son hoy conocidas, dado que están tomadas del "lenguaje de los pastores". Más allá de esto, el sentido figurado de las acciones no es claro en absoluto. El profeta no explicó sus actos, y a nosotros solo nos queda conjeturar qué pretendía el profeta, y sobre qué período histórico se apoya la profecía. Al venir a interpretar la profecía, el comentarista Rashi señaló: "He visto muchas versiones para la interpretación de esta profecía y no puedo precisarlas" (versículo 13).
Dios pide al profeta que apaciente el rebaño, dado que se trata de "las ovejas destinadas para la matanza" (versículo 4). Los pastores del rebaño no se compadecen de ellas, y tampoco Dios se compadecerá del rebaño: "Pues Yo, no me compadeceré más de los habitantes de esta tierra" (versículo 6). El profeta cumple el mandato de Dios y se convierte en pastor del rebaño: "Apacenté, pues, las ovejas destinadas para la matanza" (versículo 7). Toma dos varas: a una la llama Gracia, y a la otra Golpe. El pastor señala: "Y quitaré a los tres pastores en un mes". No queda nada claro a qué tres pastores se refiere, pero pronto, y quizás a consecuencia de ello, al pastor le hastía su rebaño: "y Mi alma se impacientó con ellos y sus almas también se cansaron de Mí. Entonces dije: No os apacentaré más. La que ha de morir, que muera; y la que ha de ser destruida, que sea destruida; y las que queden, cómanse la carne unas a otras" (versículos 8-9). El pastor rompe la vara 'Gracia' "para romper el pacto que Yo había hecho con todos los pueblos" (versículo 10), y el mensaje llega a los oyentes: "así los afligidos del rebaño que me cuidan, conocerán que era la palabra del Señor" (versículo 11). Después de que el pastor recibe su paga por haber apacentado el rebaño, Dios le ordena arrojar el dinero "al alfarero", y luego el pastor vuelve y rompe la segunda vara, 'Golpe', "para romper la hermandad entre Iehudá e Israel" (versículo 14).
Tras esto, Dios se dirige nuevamente al profeta y le ordena: "Toma otra vez los instrumentos de un pastor insensato" (versículo 15), y Dios explica: "Porque he aquí, Yo voy a levantar en la tierra un pastor que no se preocupará de la que perece, ni buscará a la descarriada, ni curará a la herida, ni sustentará a la fuerte, sino que comerá la carne de la cebada y arrancará sus pezuñas" (versículo 16).