Traición a la mujer de la juventud

Traición a la mujer de la juventud

Casarse con mujeres extranjeras no es solo una transgresión, sino que también constituye una traición a las mujeres judías, quienes atravesaron grandes penalidades en su camino desde el exilio de regreso a la Tierra.

"Y, segundo, esta otra cosa hacen: cubren el altar del Señor de lágrimas, llantos y gemidos, porque Él ya no mira la ofrenda ni la acepta con agrado de vuestra mano. Y ustedes dicen: '¿Por qué?' Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. ¿Acaso no hay uno que haya hecho así y que tenga él espíritu? Aquel buscaba una descendencia de parte de Dios. Presten atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud." (versículo 13-15)

El profeta habla en esta profecía sobre un problema que surge con toda su agudeza en aquella generación: el problema de los matrimonios con mujeres extranjeras, no judías. Los líderes que se enfrentan a este problema son Ezrá —el Cohen, sacerdote y líder espiritual— y Nejemiá —el gobernador y líder militar y político—. Ezrá estableció un pacto con el pueblo para expulsar a las mujeres extranjeras que los retornados de Tzión habían tomado al llegar a la Tierra, y también Nejemiá presionó al pueblo, y especialmente a los Cohanim en este punto, para separarse de las mujeres extranjeras e incluso de los hijos que habían tenido con ellas (Ezrá 9-10).

Ezrá en su plegaria (9-10) se ocupa principalmente de la transgresión de la prohibición de casarse con una mujer extranjera, algo similar a lo que hizo Zimri ben Salú en Baal Peor. El profeta Malají en nuestra profecía aborda esto desde un ángulo diferente: la traición a la mujer de la juventud israelita, que acompañó a su marido en todo el largo y penoso camino desde el exilio en Bavel, Babilonia de regreso a la Tierra.

La referencia del pueblo al "uno que así hizo" ("¿Acaso no hay uno que haya hecho así?"; 15) evoca el caso de Abraham nuestro padre, quien también emprendió una difícil travesía desde Ur de los Caldeos y desde Jarán hacia la tierra de Quenahan, con Sará su esposa a su lado. Sará no era joven cuando inició su largo camino, y el largo viaje generalmente no favorece el rostro ni la apariencia del cuerpo de una mujer. Abraham llega a la Tierra, y al cabo de algunos años toma también por esposa a la joven criada de su esposa, Hagar, que es más joven, más lozana, y puede darle hijos.

Por supuesto, la historia de Abraham, Sará y Hagar es completamente diferente para todo aquel que examine los versículos originales. Pero puede servir como historia encubridora y pretexto para los retornados de Tzión que toman mujeres jóvenes y extranjeras de entre los pueblos que habitan la Tierra, traicionando así a sus esposas judías —mujeres de su pacto— con quienes subieron del exilio, que son mayores, y quizás debido al agotador viaje lucen exteriormente menos atractivas que las jóvenes locales.

Malají juzga a los esposos no solo por el matrimonio con una extranjera, sino ante todo por la traición misma a la mujer de su juventud.

Volver al capítulo
x