Los líderes del pueblo creyeron que la voluntad del Señor de preservar Su Templo para el pueblo y la tierra les otorgaba legitimidad para actuar en la casa de Dios como si fuera la suya propia. Pero se equivocaron.
La concepción idólatra prevaleciente de que la grandeza de un dios se manifiesta en el estatus del pueblo y el territorio sobre el que gobierna, llevó a todos los líderes del pueblo a la conclusión de que, aunque hicieran todo lo que se les antojara, el Señor protegería Su santuario, Su ciudad y Su pueblo, sin pedirles cuentas.
Por ello, los líderes de la casa de Iaacov y los dirigentes de la casa de Israel no tuvieron reparo en oprimir y explotar al pueblo que debían guiar con sensibilidad y honestidad. Creyeron equivocadamente que la voluntad del Señor de preservar Su lugar en el mundo era una armadura suficiente. Una que protege incluso frente a las injusticias y los crímenes. Una armadura que los protegería de la necesidad de pagar un precio personal por la explotación y el desprecio. Una armadura ilusoria.
Por ello también los profetas hicieron errar al pueblo, dieron profecías que no recibieron, y describieron un futuro para el pueblo en lugar de transmitir la palabra del Señor. Creyeron equivocadamente que el hecho de hablar en nombre del Señor en un entorno que en su totalidad adoraba ídolos era una armadura suficiente. Una que otorga inmunidad incluso frente a la rendición de cuentas divina con quienes llevan Sus palabras a los seres humanos. Una armadura ilusoria que en realidad no resiste ante profetas que dicen en nombre del Señor cosas que nunca ocurrieron ni fueron dichas.
Por ello también los Cohanim, sacerdotes, enseñaban la distinción entre lo impuro y lo puro a cambio de pago, creyendo que el Templo del Señor era inviolable. Creyeron equivocadamente que la voluntad del Señor de guardar Su Templo para el pueblo y la tierra les daba legitimidad para actuar en la casa del Señor como si fuera la suya propia. Pensaron que eran inviolables junto con el Santuario, protegidos frente a la destrucción.
Mijá vino a proclamar:
"¡A causa de vosotros,
Tzión será arada como un campo,
y Ierushalaim vendrá a ser montón de ruinas,
y el monte del templo, como altos cubiertos de bosque!" (versículo 12)
El estatus del Dios de Israel está garantizado incluso sin Su ciudad o Su Santuario, e incluso cuando Su pueblo es desterrado de su tierra. Pero el vuestro, líderes del pueblo, ya no lo está.
Gentileza sitio 929.