El profeta vuelve a dirigirse al pueblo judío para advertir sobre una inminente destrucción y dispersión que anulará por completo las diferencias de clases sociales. A través de un lenguaje poético de lamento (Quinot), se describe cómo la maldición devora la tierra y cesa toda alegría cotidiana. Sin embargo, en medio de este panorama sombrío, el relato destaca los versículos 14 y 15 como un faro de esperanza, donde el remanente sobreviviente entona cantos de gratitud y salvación a Dios desde Oriente hasta Occidente.